Resiliencia urbana: cuando el pasado fortalece el futuro.

América Latina y el Caribe tiene la oportunidad aprender del pasado y planificar las ciudades del futuro, para así enfrentar los desafíos del cambio climático con garantías.

Aunque ahora empezamos a tenerla presente en nuestro día a día, la resiliencia urbana no es un concepto nuevo. Las ciudades han evolucionado sistemáticamente, haciendo frente y adaptándose a adversidades, ya fuera a través de la construcción de grandes murallas de defensa, como las de Troya, obras de drenaje como las de Pompeya, o de complejos sistemas de gestión de agua como los de Angkor. Aun así, otros factores disruptivos como desastres naturales, guerras y pestes terminaron con estas tres grandes urbes, recalcando la necesidad de un enfoque holístico que nos permita un manejo de riesgos equilibrado e integrado.

En América Latina y el Caribe (ALC), tenemos el paradigmático ejemplo del Santuario Histórico del Machu Picchu, sitio declarado Patrimonio de la Humanidad y obra maestra de arquitectura e ingeniería. Según el hidrólogo estadounidense Kenneth Wright, los ingenieros y arquitectos paisajistas del siglo XV diseñaron y ejecutaron edificaciones para garantizar la sostenibilidad de las obras en una zona de difícil acceso, afectada por sismos y lluvias frecuentes. El sistema de drenaje contaba con canales de alivio hacia donde se dirigían las aguas sobrantes, lejos del canal de suministro de agua potable hacia las laderas de la zona agrícola, o a un desagüe principal situado entre esta y la parte urbana. Los muros, a menudo construidos a partir de piedra finamente tallada y cuidadosamente alineada, estaban adaptados a la actividad sísmica. ¡Resiliencia urbana en el siglo XV!. Más información aquí.