Perder o desperdiciar menos comida ayudará a conservar el medio ambiente

Las carreras hacia la seguridad alimentaria y la sostenibilidad del medio ambiente pueden beneficiarse si disminuyen la pérdida y el desperdicio de alimentos, pero para ello hace falta contar con datos precisos, establecer metas claras y crear políticas adecuadas para la realidad de cada región agrícola y cada país, señala la FAO en una nueva publicación


El 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación y nos invita a reflexionar sobre esta aparente contradicción, que nos conduce a la siguiente pregunta: ¿Qué medidas se están tomando para garantizar que todas las personas reciban los alimentos suficientes?

Justamente este miércoles, el Secretario General de las Naciones Unidas recordaba en su mensaje por la efeméride que la conmemoración de hoy representa un llamamiento mundial en favor del Hambre Cero y que 820 millones de personas no tienen suficiente comida.

La disminución de la pérdida de alimentos ayuda a la sostenibilidad del medio ambiente, mientras que la reducción de los desperdicios beneficia la seguridad alimentaria, según se desprende del informe sobre el Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación 2019 “Progresos en la lucha contra la pérdida y desperdicio de alimentos”, dado a conocer este lunes.

El estudio elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) recuerda que los Objetivos de Desarrollo Sostenible plantean para 2030 la reducción a la mitad del desperdicio de alimentos per cápita mundial en la venta al por menor y a nivel de los consumidores, y la reducción de las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha.

La FAO afirma que para que las estrategias que buscan la reducción de la pérdida y el desperdicio de comida sean eficaces deben basarse en una comprensión clara y multidimensional del problema.

Para empezar hay que definir qué es pérdida y qué es desperdicio. En términos generales, se consideran pérdidas las que se producen a lo largo de la cadena desde la cosecha, el sacrificio o la captura hasta el nivel minorista, aunque sin incluirlo. El desperdicio, en cambio, se da en el nivel de la venta al por menor y en el consumo.

En la actualidad, las pérdidas de alimentos a nivel mundial se estiman en 13,8%, lo que equivale a unos 400 millones de dólares.

El informe reconoce que disminuir la pérdida y el desperdicio de alimentos requiere inversiones de dinero o tiempo que algunos actores de la cadena de suministro podrían considerar superiores a los beneficios.

Además, los vínculos entre la pérdida y el desperdicio de alimentos, y la seguridad alimentaria y los efectos ambientales, son complejos.

 

fuente: news.un.org