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La ciencia detrás de los cubrebocas y por qué funcionan

El debate público relacionado con los cubrebocas está resuelto. Los cubrebocas funcionan. Joseph G. Allen, director del programa Healthy Buildings, de la Universidad de Harvard afirmó que al utilizar un cubrebocas: “te proteges a ti mismo, proteges a los demás, evita que te toques la cara”. Los casos de coronavirus siguen al alza, por lo que, es importante reforzar esta medida.

Las capas de fibras capturan grandes emisiones respiratorias en forma de gotas y partículas más pequeñas conocidas como aerosoles que pueden contener el virus. Este proceso es conocido como filtración y la capacidad de un material de atrapar partículas se llama eficiencia de filtración. El algodón tejido estrechamente filtra mejor que muchas telas comunes, pero el material no tejido de los N95 es el más efectivo.

El coronavirus es una partícula pequeña, sin embargo, casi siempre viaja dentro de partículas grandes. Las fibras de un cubrebocas representan un viaje denso con obstáculos para las partículas. Las partículas grandes (>0.5 micrón) quedan atrapadas entre las fibras, las pequeñas (<0.1 micrón) rebotan en patrones aleatorios aumentando el tiempo que pasan entre las fibras y sus posibilidades de quedar atrapadas. Las de tamaño mediano (0.1 a 0.5 micrón) son las más difíciles de atrapar ya que evaden las fibras gracias a la inercia y su tamaño. Los cubrebocas N95 tienen una carga electromagnética que ayuda a retener el 95% de las partículas independientemente de su tamaño, pero no son indispensables, ya que el uso colectivo de cubrebocas de algodón reduce de manera drástica las posibilidades de transmisión.

El uso de cubrebocas junto con las medidas de distanciamiento social siguen siendo esenciales para combatir la pandemia.

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